Hay atardeceres que no parecen terminar el día, sino despedir una parte de nosotros.
La tormenta aprende a iluminar.
Hay días en los que el cielo parece romperse sobre el mar. Las nubes descargan su peso, el horizonte se oscurece y el viento recuerda que la naturaleza también conoce el lenguaje del caos. Pero incluso entonces, la luz encuentra un resquicio para iluminar.
Hay días en los que el cielo parece romperse sobre el mar. Las nubes descargan su peso, el horizonte se oscurece y el viento recuerda que la naturaleza también conoce el lenguaje del caos. Pero incluso entonces, la luz encuentra un resquicio para iluminar.
El bosque había aprendido el lenguaje del orden. Los troncos se alzaban como columnas silenciosas, el mar respiraba con la cadencia de siempre y el horizonte mantenía intacta su promesa de equilibrio.
Entonces apareció una bicicleta roja.
Entonces apareció una bicicleta roja.